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Location: Ponce, Puerto Rico, Puerto Rico

Sunday, December 10, 2006

Viaje al pasado




Hay cosas que con el pasar del tiempo nunca cambian. Esto se puede ver claramente en el ser humano. No importa cuántos siglos, generaciones o años pasen, siempre persistirán unas características generales. Por ejemplo, siempre existirán aquellas personas que viven eternamente amargadas, personas que son humanitarias, los oportunistas, los que prefieren vivir la vida ajena antes que la suya y así por el estilo. No obstante, mientras estaba en un salón de clases esperando a que llegara un profesor, no pude evitar observar con detenimiento a aquellos estudiantes que estaban semi-dormidos esperando que comenzara la clase. Entonces, mi mente se trasladó a aquellos días remotos de escuela en los cuales esperar por un maestro podía ser una bendición o un suplicio.

Aquellos días de escuela son inolvidables, sea que las experiencias fueran buenas o malas. Mientras uno esperaba a que llegara el maestro podían ocurrir varias cosas: pasarla super bien porque el payaso de la clase se trepara en tribuna a hacer una parodia, aprovechar el tiempo para copiarte la asignación del estofón de la clase, también podías aprovechar el tiempo para estudiar (eso casi nunca sucedía), podías escuchar los chismes del “Vocero” de la clase, o lo peor del mundo: que el abusador de la clase se despertara de mal humor y te utilizara de “punching bag”. Lamentablemente, en el momento en que percibías que el abusador/a o el guapito/a de la clase te miraba, sabías que la odisea podía durar un día completo o que tal vez serías el objeto de predilección por el resto del año.

Esta escena por lo general ocurría en cámara lenta. Divisabas a tu “depredador” con sus ojos fijos en ti. Tratabas de alcanzar con tu vista si trabajaría solo o si estaba con sus compinches. En cuestión de segundos pensabas en la gran variedad de torturas que utilizaría para saciar su humor morboso. Por ejemplo, si trabajaba solo/a podría mortificarte vociferando el nuevo nombre que escogió para ti hasta que se cansara, si por casualidad te encontrabas de pie corría velozmente para darte una buena patada en la canilla o en peor instancia se sentaba detrás de ti para puyarte con objetos punzantes hasta verte con el rostro rojo lleno de lagrimas. Otra táctica que el/ella podía emplear era la de trabajar con los compinches. Aparentemente el apoyo de grupo le daba más valor para hacer cosas como: escupirte la cara o tirarte todos los libros al zafacón. La situación podía empeorar cuando decidían utilizarte de pandereta, o sea te velaban en un rincón y te daban una tunda. En fin, la situación podría persistir si no te las ingeniabas o no agarrabas valor para confrontar a tu “Goliat”.

Luego de haber dado un viaje al pasado tengo que instantáneamente volver al presente, porque justo cuando iba haciendo memoria de una anécdota graciosa, el profesor llega a la clase casi jadeando para luego darse cuenta de que tiene que dar otro “viaje” para buscar unos apuntes. La clase continúa y se acaba, sigo mi rutina diaria y no puedo quitarme de la mente al último integrante de la memoria escolar: el abusador. El personaje del abusador/a suele verse como algo normal entre los estudiantes. Sin embargo, ¿ es normal que un niño/a disfrute de intimidar a sus pares? ¿Cuáles son las causas para este comportamiento disruptivo?

La respuesta a la primera pregunta es NO. No es normal que un niño disfrute de intimidar, ya sea verbalmente o físicamente, a sus pares. Definitivamente hay unas razones sólidas para la manifestación de esta conducta problemática. Las causas que desatan este comportamiento podrían ser: autoestima baja, problemas en la casa, maltrato físico o verbal de parte de los padres o el rezago académico, entre otras. Aunque esto no pretende ser una evaluación psicológica, se analizarán los puntos ya mencionados.

Una autoestima baja puede provocar el que un niño sienta envidia por su compañero y para poder sentirse superior a él/ella decida hacerle la vida imposible. Recuerdo una ocasión en la cual se le preguntó a una niña porqué le gustaba “patear” y escupir a cierto grupo de estudiantes. Su respuesta fue la siguiente: “Ellos tienen buenas notas, tienen la aprobación de los maestros, una de las niñas es rubia, y yo no”. Los problemas familiares y el abuso físico o verbal son factores clave en la conducta de un niño. Las escuelas son micro-sociedades; en estas se reflejan las conductas aprendidas tanto en la casa, como aquellas que rodean al niño fuera de su círculo familiar. Por lo tanto, si en la casa estos niños tienen problemas o son víctimas de maltrato, se reflejará el mismo a través de la conducta en el salón de clases. Otro factor puede ser el rezago académico. Lamentablemente, ciertos maestros (tanto del sector público como del privado) olvidan el hecho de que tienen un salón de clases variado, en el cual no todos los niños aprenden al mismo ritmo. Estos maestros prefieren y prestan más atención al estudiante que sobresale en las materias y se olvidan de brindar atención especial a aquellos estudiantes que más lo necesitan. Como resultado, algunos de los estudiantes que fracasan y se dan cuenta del favoritismo deciden “vengarse” de los estudiantes sobresalientes, ya sea a través de lenguaje humillante o golpizas.

Mencioné al principio una serie de características que no cambian con el tiempo. Entre estas se encontraban los que viven eternamente amargados. Quizás estos amargados son aquellos que eran “abusones” en la escuela, podrían también ser las víctimas de estos personajes que en silencio gritaban por atención y afecto. Sea cual sea el caso me transporto nuevamente a la universidad, donde veo un salón repleto de adultos que en silencio escuchan atentamente lo que dice el profesor. El tema: problemas de conducta en el salón de clases. El profesor pide que viajemos a aquel mundo nuevamente. Entonces, sacamos nuestro niño/a interno. Sorprenderá saber cuántos eran abusones y cuántos, sus víctimas.


Lizely Lopez
© 2006
Second Prize Winner
Certamen Literario UPR Cayey 2006

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

A la verdad --y que conste que no estoy siendo sarcástico-- me interesó mucho tu escrito. Fíjate, en el 1997, cuando fui estudiante de primer año en esa misma universidad, gané el primer premio del mismo concurso con un escrito titulado (creo) "La utolidad" en el que hablaba de la utopía y la realidad (obviamente). Tenía muchas ilusiones de lo que era ser un estudiante "avant-garde" como me parece que las tienes tú, también. Vas por buen camino, sin duda. Felicidades. De seguro que pronto tendrás muchos visitantes a tu blog y a tu otros artículos.

11:06 AM  

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